GC79

Love Delayed is Love Denied

AishaHuertas-webReading time: 3 minutes

Lee este artículo en español aquí.

By Aisha Huertas
Director of Mission, Outreach & Diversity
The Diocese of Virginia

As a Latina who interacts with many fellow Latinos and Latinas throughout the Episcopal Church, this 79th General Convention has felt like a beautifully choreographed dance. Every Latino and Latina present, as well as other people of color, has played a role in that dance, lifting up our plight before those who have the power to ensure that change happens and that people from every culture feel truly welcomed within the Church. We have worked in unity and strength at the request of no one, except our very own desire to be seen and heard.

Our legislative bodies have heard, considered and even passed several resolutions that affect people of color in our Church. There have been resolutions dealing with accurate translations of the Book of Common Prayer and other liturgies. There have been resolutions to add multicultural liturgies that include culturally appropriate observances. There has been language in resolutions that will help us to diversify Executive Council, planning committees and other groups. There have also been resolutions that take public stands on issues of immigration, sanctuary and other social-justice issues.

Yes, the tide is turning, especially with the readmission of the Church in Cuba to the Episcopal Church after more than 50 years of separation. These are great advances, but as a witness to the past two weeks, I find that I want the Church to do even more to combat the traditions of colonialism, white supremacy and institutional racism that are so ingrained in many people inside and outside our Church – so ingrained that we are sometimes unaware when we act in ways that reflect those privileges.

If we are walking the way of love, then we must ensure that our neighbor feels accepted. We, the Episcopal Church and all of its dioceses, must continue ensuring that the very best translations and interpretations are provided anywhere they are needed and we must commit to improving the process every time. This can be costly, perhaps, but in my view the way of love supersedes cost challenges, discomfort, lack of time and all of those things that humans often see as obstacles.

We must come with open hearts to hearings, vestry meetings and other gatherings where debates often take place, and realize that some issues should involve little debate. Yes, the Book of Common Prayer may need revisions, but that does not change the fact that we need accurate translations of what we currently use. People are coming to our churches, now, to seek succor and support and to be welcomed. Justice delayed is justice denied; debating the right time for dynamic Prayer Book translation is the leisure of the privileged, well intentioned though the debates may be. The way of love seeks to meet the needs of others.

As I stood watching white supremacists take over the city of Charlottesville, Virginia, on August 12, 2017, I wondered, “How long will the Church go without acting? How long will we live in fear of upsetting those who disagree with us when the clear path, the way of Jesus, lies before us?” I was grateful for all of the people of God who stood next to me, but they were a small group of courageous people compared to the largeness of the Church. The way of love takes only the side of justice and love.

My brothers and sisters, how long? Will you use the next three years to ensure that resolutions turn into actions both at the Church and local level? Will you begin planning, now, to ensure that your brothers and sisters of color, of diverse cultures, have a firsthand invitation to the table that doesn’t feel like an afterthought? Will you live into your Baptismal Covenant in thought, word and deed?

Let us walk the way of love together in humility and openness, and with a true desire to get to know and love our neighbor and to meet them exactly where they are.


Amor que se Retrasa es Amor que se Niega

AishaHuertas-webTiempo de lectura: 3 minutos

Read this article in English here.

Por Aisha Huertas
Director de Misión, Alcance y Diversidad
La Diócesis de Virginia

Soy una latina que interactúa con muchos compañeros latinos y latinas en toda la Iglesia Episcopal. En esta 79ª Convención General, esa interacción me ha parecido como un baile bellamente coreografiado. Muchos de los latinos y latinas presentes, así como otras personas de color, han sido parte de ese baile, elevando nuestra situación ante aquellos que tienen el poder de garantizar que el cambio suceda para que personas de todas las culturas se sientan realmente bienvenidas en la Iglesia. Hemos trabajado en unidad y fuerza para atener nuestro deseo de ser vistos y escuchados.

Nuestros cuerpos legislativos han escuchado, considerado e incluso aprobado varias resoluciones que afectan a las personas de color en nuestra Iglesia. Ha habido resoluciones relacionadas con traducciones precisas del Libro de Oración Común y otras liturgias. Ha habido resoluciones para agregar liturgias multiculturales que incluyen observancias culturalmente apropiadas. Ha habido lenguaje en las resoluciones que nos ayudará a diversificar el Consejo Ejecutivo, los comités de planificación y otros grupos. También ha habido resoluciones que toman posiciones públicas sobre cuestiones de inmigración, santuario y otros asuntos de justicia social.

Sí, la marea está cambiando, especialmente con la readmisión de la Iglesia en Cuba a la Iglesia Episcopal después de más de 50 años de separación. Estos son grandes avances, pero como testigo de las últimas dos semanas, encuentro que quiero que la Iglesia haga aún más para combatir las tradiciones del colonialismo, la supremacía blanca y el racismo institucional que están tan arraigadas en muchas personas dentro y fuera de nuestra Iglesia – tan arraigadas que a veces desconocemos cuando actuamos de maneras que reflejan esos privilegios.

Si caminamos el camino del amor, entonces debemos asegurarnos de que nuestros vecinos se sientan aceptados. Nosotros, la Iglesia Episcopal y todas sus diócesis, debemos continuar asegurando que las mejores traducciones e interpretaciones estén disponibles donde sea que se necesiten y debemos comprometernos a mejorar el proceso en todo momento. Esto puede ser costoso, tal vez, pero desde mi punto de vista, el camino del amor reemplaza los desafíos de costo, la incomodidad, la falta de tiempo y todas esas cosas que los seres humanos a menudo ven como obstáculos.

Debemos acercarnos con los corazones abiertos a las audiencias, reuniones de juntas parroquiales y otras reuniones donde a menudo se llevan a cabo debates, y percatarnos de que algunos asuntos deberían involucrar poco debate. Sí, el Libro de Oración Común puede necesitar revisiones, pero eso no cambia el hecho de que necesitamos traducciones precisas. Es ahora que están viniendo personas a nuestras iglesias para buscar ayuda, apoyo y ser bienvenidos. La justicia retrasada es justicia denegada; debatir el momento adecuado para la traducción dinámica de liturgias y manuscritos come el Libro de Oración Común es el ocio de los privilegiados, aunque los debates sean de buena intención.  El camino del amor busca satisfacer las necesidades de los demás.

El 12 de agosto de 2017, mientras observaba cómo supremacistas blancos se apoderaban de la ciudad de Charlottesville, Virginia, me pregunté: “¿Cuánto tiempo seguirá la Iglesia sin actuar? ¿Cuánto tiempo viviremos con miedo de indignar a los que no están de acuerdo con nosotros cuando el camino obvio, el camino de Jesús, se encuentra ante nosotros?” Estaba agradecida a todos los servidores y servidoras de Dios que estaban a mi lado, pero era un grupo pequeño de personas valientes en comparación con la amplitud de la Iglesia. El camino del amor toma solo el lado de la justicia y el amor.

Mis hermanos y hermanas, ¿cuánto tiempo? ¿Usaremos los próximos tres años para asegurarnos que nuestras resoluciones se conviertan en acciones tanto a nivel de la Iglesia como a nivel local? ¿Comenzarás a planear, ahora, para que tus hermanos y hermanas de color, de diversas culturas, tengan una invitación de primera mano a la mesa y que no parezca una añadidura? ¿Vivirás tu Pacto Bautismal en pensamiento, palabra y obra?

Caminemos el camino del amor juntos en humildad y en actitud receptiva. Caminemos ese camino con un verdadero deseo de conocer y amar a nuestro prójimo.

1 reply »

  1. Very well put and very moving, Aisha—thank you! You remind me that there is much that I do and can only do because of my white privilege, even as I think I’ve finally put it to rest. But, of course, there can’t be any “putting it to rest;” there can only be vigilance and awareness of it when it comes up.
    Blessings,
    Grace Cangialosi

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